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Ahmad Yacoub
Palestina
VI
Mientras abrazo el saxófono
como si fuera una íntima mujer,
mi poesía,
mi hambre,
mi tristeza,
mi ansiedad,
mi exilio,
mi melancolía
Mi son,
hace hebreos a los animales más carniceros,
agrupa cigüeñas sobre mi cabeza y gaviotas sobre mis hombros,
ordena a las focas que abandonen los viejos mares,
hace que me sigan los árboles de sidra donde voy,
y tu trigueña alegría,
cuánto te espero,
te habías ido,
pero la lluvia retornó en los equipajes de marzo,
y yo tan delgado como un hilo de diamante,
no sólo para que coses una leyenda de diamante,
para pinchar las capitales,
que duermen en el jardín del alcanfor y mirto.
(del libro “Cometo una vida”)
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